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lunes, julio 27, 2026

Un pueblo nómade no cabe en hectáreas

El debate sobre el maritorio kawésqar trasciende las dimensiones de un Espacio Costerp Martítimo. Lo que está en discusión es la forma en que el Estado interpreta la territorialidad de un pueblo cuya historia nunca se desarrolló entre límites fijos.


Por: Comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar
Región de Magallanes, 27 de agosto de 2026


El diario francés Le Monde, uno de los medios de referencia más reconocidos del mundo, envió recientemente un periodista en misión especial a Punta Arenas para cubrir el conflicto entre las comunidades kawésqar y la industria salmonera en torno a los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios. El resultado fue un reportaje publicado el 10 de julio de 2026 que pone en vitrina internacional la disputa sobre el maritorio austral y las posiciones de quienes tienen poder de decisión en la región. Cuando un medio de esa envergadura manda un enviado especial al extremo sur de Chile, las palabras de las autoridades locales dejan de ser solo regionales: quedan registradas ante una audiencia global. Vale leerlas con esa dimensión en mente.

En ese reportaje, el jefe de la oficina local de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), Nelson Aguilera, reconoció que el organismo no tiene recursos suficientes para recorrer el territorio y elaborar su informe de uso consuetudinario, y agregó que «el carácter ancestral no está definido legalmente». Es una confesion institucional que merece ser leída con cuidado. Lo que Aguilera describe no es una duda sobre la legitimidad de las comunidades: es una falla del Estado en dotar a su propio organismo de criterios claros, personal suficiente y presupuesto para operar. Que Conadi no pueda alquilar un barco para recorrer el maritorio no dice nada sobre el uso que las comunidades hacen de él. Dice todo sobre la prioridad que el Estado le asigna a cumplir sus propias obligaciones legales.

Mientras Conadi espera presupuesto para ir a verificar, la Comunidad Nómades del Mar lleva adelante un taller de buceo activo que vincula a sus miembros más jóvenes con prácticas ancestrales en el maritorio y se mantiene en el registro de pesca artesanal. El uso consuetudinario no es una tradición dormida en archivos: está en el agua, documentado, vivo y en ejercicio. Si hay alguna duda sobre si las comunidades kawésqar usan ancestralmente estos espacios, esa duda se resuelve yendo a verlos. El problema no es la evidencia. Es que el Estado no ha ido a buscarla.

El gobernador regional Jorge Flies declaró al enviado de Le Monde que el ECMPO «se ha transformado en un instrumento de bloqueo del uso costero» y cuestionó la proporcionalidad de las superficies solicitadas. Sin embargo conviene notar que esos son exactamente los mismos argumentos que el presidente de la Asociación de Salmonicultores de Magallanes, Carlos Odebret, expuso ante la Comisión de Acuicultura del Senado en abril; los mismos que resonaron en el AquaForum Patagonia de Puerto Natales; los mismos que el Subsecretario de Pesca usó para justificar las modificaciones legislativas que el gobierno pretende impulsar. Cuando el máximo representante electo de la región reproduce, palabra por palabra, la argumentación de un gremio privado, las comunidades tienen derecho a preguntarse a quién está representando ese gobierno regional.

Sobre la proporcionalidad: el argumento ignora la naturaleza esencial del pueblo kawésqar. No somos una comunidad de territorio fijo. Somos descendientes un pueblo nómade que recorría estacionalmente miles de kilómetros de canales patagónicos, desde el sur del Golfo de Penas hasta el Estrecho de Magallanes, dividiendo el maritorio entre el área interior de los canales y la costa exterior que da al Pacífico. Las 275.000 hectáreas del ECMPO Kawésqar Última Esperanza no son una cifra desproporcionada: son una fracción pequeña del territorio ancestral que nuestros ancestros recorrieron durante siglos y que seguimos recorriendo. Aplicar la lógica de proporcionalidad de una comunidad agrícola de parcela fija a un pueblo canoero nómade es medir con la vara equivocada. O con la vara conveniente.

El reportaje de Le Monde registró también las palabras del presidente Kast en la Cumbre SalmonChile de mayo: «¿Estas personas que piden más de 50.000 hectáreas tienen siquiera dos o tres barcos? Algunas no tienen ninguno, pero tienen un buen abogado». Esas palabras, dichas en un evento de la industria, fueron escuchadas en Punta Arenas. Ahora las leen también en París. Desde las comunidades hemos respondido con claridad: «Seguiremos navegando, sin esos límites que nos impone el Estado». No necesitamos más barcos para tener derechos. Llevamos 6.000 años en este maritorio antes de que existiera el Estado que hoy nos los cuestiona.

La disputa sobre el maritorio kawésqar ya no es solo regional ni nacional. Un medio de referencia mundial decidió que vale la pena mandar a alguien hasta el fin del mundo a contarla. Las autoridades que siguen argumentando que nuestras solicitudes son desproporcionadas, o que el ECMPO es un instrumento de bloqueo, sostienen ahora esa posición ante esa audiencia. Nosotros seguimos navegando con la verdad por delante.

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