DiarioMapuche publica esta crónica de Jaime Ibacache Burgos, un recorrido por la memoria viva del maritorio chilote a través de la historia de Don Eugenio, de 104 años cuya experiencia invita a reflexionar sobre el Buen Vivir, la insularidad y las profundas transformaciones ambientales y culturales del archipiélago.
De Crónicas Cortopunzantes,
Por Jaime Ibacache Burgos, médico de salud colectiva en Archipiélago de Chiloe, correo: jibakatxe@gmail.com Instagram @jibakatxe
27 de julio de 2026
El viento sopla implacable desde el norte en una mañana de invierno y se cuela por las rendijas de una pared de tablas de alerce ancestrales. La pequeña casa de madera se mueve y cruje. Estoy navegando en el maritorio(1) del Archipiélago de Chiloe. He llegado hace dos días a una pequeña pero profunda isla donde el tiempo se acelera a veces, otras veces se detiene y algunas veces también retrocede. Todo depende con que ánimo uno anda navegando.
Me levanto del colchón donde he pasado la noche junto a las gallinas con sus pollitos y salgo a un pasillo oscuro donde al final del túnel me espera Don Eugenio con sus 104 años, quien sonriente mira por una ventana y me dice: “¡ qué bonito día !”.
Afuera, la lluvia torrencial se encausa por los artilugios que él y su familia han construido con restos de tubos y depósitos plásticos que han recolectado en las playas y que han sido desechados por la industria salmonera.
En muchos hogares insulares se puede navegar también en botes de plumavit(2) o sentarse en algún sofá del mismo material con cojines de lana de oveja cubiertos por fundas tejidas con cordeles plásticos encontrados en estos nuevos pilkanes(3) que han generado las empresas salmoneras desde su llegada en la década de 1980.
Don Eugenio, con su chaqueta y pantalones desgastados, siempre está sonriente mostrando sus pocos dientes y una colilla de cigarro que cuelga eternamente de la comisura de sus labios. “Antes fumábamos mapucho(4), pero ahora que uno esta viejo ya no puede salir a buscarlo, entonces me traen estos de cajetilla” -me dice por entremedio de una tos matinal inquietante.
La primera vez que hablé con él tenía 102 años y me contó que nunca había ido al médico , “ y pa´qué? “-me dijo . No tuve ninguna respuesta. Sólo lo quedé mirando mientras el partía unos maderos con su hacha. Recuerdo que esa vez le solicité respetuosamente si lo podía registrar con mi cámara en diferentes situaciones cotidianas en su hogar. Accedió muy entusiasmado. A Don Eugenio le gusta narrar sus historias, conversar, dialogar, pensar y sentir.
Meses después recuerdo que en una capacitación para equipos de salud insulares presenté ese pequeño video como forma de iniciar diálogos sobre el Buen Vivir . Hubieron muchas intervenciones y se generó una conversación muy interesante que ponían en debate muchas directrices institucionales para la promoción de la salud especialmente. Esta conversación fue abruptamente reprimida por uno de los directivos del servicio de salud quien dijo: “ ya esta bueno! vamos terminando la presentación! Además-dijo-hay que preocuparse de este señor pues noté claramente que tiene un temblor en su mano izquierda, eso hay que estudiarlo! ” . Todos se miraron, me miraron, nos miramos . Que más íbamos a hacer?
La noche anterior Chile jugaba un partido de futbol contra Paraguay. En la pantalla del antiguo televisor sólo se veía una imagen micro puntillosa como si estuviera nevando sobre dos gatos negros y flacos que miraban extasiados. Del partido de futbol nada veíamos, salvo don Eugenio, que hacía comentarios sobre los jugadores y sus peripecias con la pelota. Al darse cuenta que nosotros , los visitantes, poco veíamos esa noche, nos mandó a mover la antena externa y nos gritaba sus instrucciones desde adentro. Afuera llovía intensamente y nosotros mojados como pitío tratábamos de apuntarle a la orientación exacta para poder ver mejor la imagen en su televisor. Nunca lo logramos.
Entramos empapados en agua y doña Enedina , su hija, nos esperaba con una sopa caliente hecha con chicha de manzana donde flotaban unos concones (5) exquisitos.
¡Que reconfortante y tranquilizador brebaje mágico para una noche de invierno en estas insularidades!
Detrás de la cocina a leña Don Eugenio nos cuenta historias de navegaciones mientras va cebando un mate de yerba amarga. Creció navegando a vela por los canales del mar interior aprovechando los vientos sobre todo en primavera y verano – “¡que bonitos vientos habían!”- dice con una gran sonrisa y sus ojos pequeñitos. “Ahumábamos cientos de cholgas que mariscábamos allá en la cordillera. Luego cuando salía el viento sur las traíamos a Achao y Dalcahue, donde las vendíamos y con la plata comprábamos la yerba mate, el azúcar, la harina y tantas cosas más”. Vivían semanas en su lancha a vela, con un fuego permanente en su interior, donde se cocinaba, se calentaba agua para el mate y se secaba la ropa. Mas de algún perrito estaba siempre acompañando a estos navegantes del viento.
¿Que se cocinaba a bordo? -pregunto yo. Enedina , mujer flaquita pero muy fuerte, nos dice: “llevábamos el erengo(6), la reca(7) de sierra, las papitas, los ajos, las verduras de la huerta, unas gallinitas, los huevitos y la chicha de manzana pues, que la tomábamos calentita y además tirábamos lienza y siempre pescábamos robalos(8)”
Ya cae la noche y la conversa . Afuera ladran perros. Hay un ligero viento norte que anuncia nuevos chubascos, pero aquí dentro de casa la cocina a leña nos abriga y sobre ella hay un jarro con algún líquido.
“¿Nos tomamos un caliente de chicha? ”- me dice don Eugenio y me ofrece una taza humeante. La magia perfecta para una noche así.
Mientras tanto, su hija Enedina aprovecha de dar una mamadera con leche Purita, de esa que dan en la posta de salud, a un corderito recién nacido que ha quedado sin madre.
Un Programa Nacional de Alimentación Complementaria verdaderamente familiar y comunitario.
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1.- Maritorio: Concepto que no sólo incluye una localización geográfica sino que tiene que ver con la cosmovisión que tienen sus habitantes. Mirar desde la insularidad los conceptos de desarrollo y Buen Vivir. El maritorio incorpora borde costero, mar y espacio intermareal. Forma parte de la soberanía y autonomía de sus navegantes.
2- Plumavit es el nombre comercial en Chile para el poliestireno expandido (EPS), un plástico blanco y ligero usado comúnmente en construcciones como aislante térmico y para embalaje. Este material es muy útil por su capacidad de aislamiento, pero es un plástico no biodegradable y de lenta degradación, lo que genera problemas ambientales si no se recicla adecuadamente.
3.- Pilkan (del idioma Mapuzungun) se refiere a la faena de recolección de mariscos que se hace en el bordemar chilote cuando la marea está baja .
4- Mapucho: Se le llama así al “tabaco” chilote que la gente fumaba antiguamente. Se trata de la hierba del paño (Verbascum thapsus) y que se usa principalmente para tratar afecciones respiratorias como asma, bronquitis y tos; gracias a sus propiedades demulcentes, expectorantes y antiinflamatorias.
5.- La sopa de concones es de origen mapuche y consiste en una sopa espesa que lleva masas hechas con harina tostada de trigo y aliñada con verduras y especias como orégano, comino, ají de color y perejil.
6- El erengo es una pequeña bola ahumada hecha de chuño de papa. Este ahumado se logra utilizando un collin, un enrejado de maderos , que se cuelga sobre el fuego por semanas.
7.- La reca es el pez sierra ahumado. (Thyrsites atun)
8.- El robalo (eleginops maclovinus) es un pez que vive en la patagonia y que se cocina en sopas, al sartén, ahumado o sobre las brasas.