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jueves, junio 25, 2026

WeTripantu y la situación espiritual y política de la realidad

La situación espiritual de una sociedad no puede separarse de su situación política y cotidiana. El Wiñol Tripantu no ofrece una nostalgia del pasado ni una salida individual. Propone una pregunta más exigente: ¿qué debemos renovar para seguir habitando este tiempo sin romper aquello que sostiene la vida?


Editorial · DiarioMapuche
Wetripantu 2026


Cada año, durante el Wiñol Tripantu, vuelven preguntas que abarcan más allá del ámbito ceremonial. ¿Cómo estamos viviendo? ¿Qué vínculos sostenemos con el territorio? ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo? ¿Qué lugar ocupa la comunidad frente a una época marcada por la aceleración, el rendimiento permanente y la fragmentación de las famililas y las experiencias colectivas?

En el mundo mapuche, la fuerza del ciclo no es solo una celebración del tiempo ni solo una conmemoración simbólica desligada de la vida cotidiana. El cambio de ciclo recuerda que la existencia ocurre dentro de relaciones con la tierra, el agua, el trabajo, el lenguaje, las infancias, los mayores, la memoria y las generaciones futuras. Pero también con los territorios donde habitamos y los territorios que nos habitan. Es un sacudón interior y exterior.

Y el Wiñol Tripantu también tiene una dimensión política.

No porque deba transformarse en una consigna ni porque todas las respuestas deban buscarse en el conflicto institucional. Es político porque obliga a preguntarse cómo se distribuyen los tiempos de la vida, quién define el uso del territorio, qué conocimientos son considerados válidos y qué formas de convivencia permiten sostener una comunidad y este planeta en el largo plazo.

La situación espiritual de una sociedad no puede separarse de su situación política y cotidiana.

Cuando una comunidad pierde tiempo para encontrarse, cuando el territorio se reduce a recurso, cuando el conocimiento local es tratado como residuo y cuando el éxito se mide únicamente por crecimiento o consumo, no solo aparecen desequilibrios económicos o ambientales. También aparece un empobrecimiento de la existencia humana.

El Wiñol Tripantu no ofrece una nostalgia del pasado ni una salida individual. Propone una pregunta más exigente: ¿qué debemos renovar para seguir habitando este tiempo sin romper aquello que sostiene la vida?

En ese sentido, el nuevo ciclo no anuncia un comienzo automático. Invita a observar con mayor atención la realidad y asumir que toda transformación duradera es, al mismo tiempo, espiritual, política e inmansa y maravillosamente cotidiana.*****FIN*****

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