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28 enero 2026

VI Encuentro de Educadores Indígenas y el desafío de una educación propia

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En territorios de Wallmapu se abre un debate sobre los límites del modelo intercultural vigente en el sistema educacional y la urgencia de reorientar lo que se realiza en las Escuelas hacia los ecosistemas lingüísticos locales, el conocimiento propio y el vínculo con el territorio.


Por: Jorge Calfuqueo Lefio
Escuela Kom pu lof ñi kimeltuwe
Jaqepvjv lof.
Enero de 2026


Hablar de educación propia para el pueblo mapuche es vital. Es preguntarnos qué modelo de personas estamos formando y desde qué conocimientos, valores y relaciones con la vida se está educando hoy a nuestros niños y niñas.

Cuando hablamos de educación propia, no hablamos solo de contenidos. Hablamos de formar personas con valores fundamentales, personas que aspiren a ser Kvme ce, buenas personas, y kimche, personas sabias. Pero no sabias para acumular conocimientos o para dañar aquello que está más próximo a nosotros, sino sabias para querer, para respetar, para convivir con quienes están a nuestro lado y con el entorno en el que vivimos.

Nuestra educación siempre ha estado ligada a la vida. A la vida de las personas y a la vida de todo aquello que nos rodea. Las fuerzas naturales y sobrenaturales conviven con nosotros día a día: el sol, la luna, el agua, el mar, las montañas, los cerros, las vertientes, el viento y el aire. Para nuestro pueblo, todo tiene vida. Por eso la educación propia no puede separarse del territorio ni de la relación que establecemos con él.

Esta educación debe impartirse también en nuestra lengua, el mapudungun. Porque a través de ella razonamos, sentimos y expresamos nuestra espiritualidad. En la lengua está nuestra forma de comprender el mundo, de relacionarnos con la naturaleza y con la biodiversidad que sostiene la vida en la tierra que habitamos, el itrofxil mongen.

Hoy, sin embargo, ese proceso formativo debe tener revisión, diálogo y nuevas propuestas. Desde hace más de 30 años en Chile se impulsa el paradigma de la educación intercultural bilingüe. Las cifras son claras y preocupantes: cada vez hay menos niños, niñas y jóvenes hablantes de mapudungun. La mayoría de quienes hoy hablan la lengua tiene más de 50 años. Nuestro idioma se encuentra dentro del porcentaje de lenguas indígenas del mundo que están en peligro de extinción.

Algo no está funcionando. El enfoque intercultural, tal como ha sido implementado, no ha fortalecido nuestros saberes ni nuestra lengua. El Wiñoy Tripantu, por ejemplo, es abordado muchas veces como una fiesta cultural, cuando en realidad es un proceso espiritual, cosmogónico y climático que ordena nuestra relación con la vida y el tiempo. Pero en muchos casos se ha reducido a expresiones superficiales, a una folclorización de nuestro conocimiento. Se celebran ceremonias descontextualizadas, se realizan actividades simbólicas sin profundidad, y con eso se afirma que un establecimiento es intercultural. Pero no se forma conciencia, no se fortalece la identidad ni se proyecta el conocimiento propio.

Una educación propia permite abordar dimensiones fundamentales de nuestra vida como pueblo: nuestra medicina, el lawen, la alimentación, el origen del agua, la relación con los seres que habitan el territorio. Permite comprender cómo nos relacionamos con la salud, con la tierra y con todo aquello que nos sostiene día a día.
Eso no puede quedar fuera del proceso educativo.

Por eso es urgente reflexionar. Docentes, familias, comunidades y sociedad en su conjunto debemos preguntarnos cómo se está educando hoy a nuestros niños y niñas. Debemos mirar críticamente el camino recorrido y asumir la responsabilidad de fortalecer una formación basada en los saberes ancestrales propios de cada pueblo originario.
Este debate no ocurre en un vacío. América Latina vive un escenario político complejo, con el avance de sectores conservadores y de extrema derecha en distintos países. Chile no está ajeno a ese contexto, y el pueblo mapuche tampoco. Sabemos, por experiencia histórica, que más allá de los cambios de administración, la política hacia los pueblos originarios ha tendido a repetirse.

Aun así, creemos que es posible incidir. A través de encuentros como el VI Encuentro Internacional de Educadores Indígenas, podemos generar conciencia, articular demandas y proyectar una educación propia que tenga incidencia en las políticas educativas, tanto a nivel nacional como internacional.

Fortalecer una educación desde nuestros saberes es una forma de proyectar la vida, la lengua y el conocimiento que nuestro pueblo ha construido a lo largo del tiempo. Es, en definitiva, una condición para seguir siendo un pueblo en la comunidad nacional e internacional. Nuestra propuesta en el VI Encuentro de educadores es vida, es comunidad local, es ciudadanía global.-

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