Los incendios forestales no son desastres naturales. Son incendios provocados por acción humana, asociados a errores no forzados, prácticas negligentes y a un desconocimiento persistente de que el clima ha cambiado, los ecosistemas han sido profundamente intervenidos y el sistema administrativo del Estado no ha logrado adecuarse a esa nueva realidad territorial.
Temuco 19 de enero de 2025. (Diariomapuch.cl)– El fuego avanza por la Patagonia y Wallmapu. Incendios forestales, rurales y urbanos en Chile y en Argentina arrasan cerros, bosques, viviendas y asentamientos levantados en tomas de terreno de los bordes urbanos. La gente vive donde puede. Pero el fuego no llega como sorpresa. Llega como llega todos los últimos veranos.
La conversación pública se queda corta. El problema no es solo el incendio. El problema es lo que ha ocurrido en esos territorios y lo que ocurre y ocurrirá después: cómo se reconstruyen las casas, las familias, las comunidades; cómo se sigue viviendo en territorios donde el fuego vuelve de manera recurrente y la respuesta institucional rara vez alcanza.
Intencionalidad 1%, abandono estatal permanente
El 99,7 % de los incendios forestales en Chile tiene origen humano, según cifras oficiales de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). La mayoría se produce por negligencia, desconocimiento o fallas en la gestión del territorio, mientras que una fracción menor corresponde a acciones intencionales. Reducir el fenómeno exclusivamente a la intencionalidad distorsiona el problema y desplaza la atención desde sus causas estructurales.
Buscar culpables es fácil. Cuestionar las causas reales es necesario.
Los incendios forestales no son desastres naturales. Son incendios provocados por acción humana, asociados a errores no forzados, prácticas negligentes y a un desconocimiento persistente de que el clima ha cambiado, los ecosistemas han sido profundamente intervenidos y el sistema administrativo del Estado no ha logrado adecuarse a esa nueva realidad territorial.
Ese desajuste existe. Y cuando ocurre, genera fuego.
En la Patagonia Mapuche el incendio no cae sobre un territorio vacío. Quema tierras empobrecidas por décadas de monocultivos, por mala planificación y por abandono estatal prolongado. Quema comunidades que viven ahí desde hace generaciones. Explicar el incendio como resultado de que alguien no limpió su predio es una simplificación funcional, una declaración burocrática y políticamente correcta que desplaza la responsabilidad y evita mirar el cuadro completo.
Que hoy se queme la Patagonia no es una novedad. Lo que se repite es la respuesta. Legislación apresurada, necesaria por la urgencia, pero insuficiente en su alcance. El modelo territorial no se toca. Tampoco se cuestionan las grandes inversiones privadas, estatales o internacionales en el territorio donde se instalan. Todo eso atraviesa el problema.
Cada verano el fuego vuelve. Las imágenes se repiten. Las personas relatan lo que perdieron. La reconstrucción comienza sin que cambien las condiciones que hicieron posible el incendio. La gente se reconstruye, el fuego y el Estado quedan.*****FIN*****

