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sábado, mayo 2, 2026

Pueblos indígenas de América Latina y el Caribe: guardianes del saber, la tierra y el alimento

Pueblos indígenas de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Surinam trabajan con la FAO para liderar la conservación de la biodiversidad, asegurar la seguridad alimentaria de sus comunidades, generar ingresos y preservar sus tradiciones ancestrales.


Santiago, Chile. 8 de agosto del 2025. (FAO)-–En América Latina y el Caribe, más de 54 millones de mujeres y hombres indígenas enriquecen la diversidad cultural, alimentaria y espiritual de nuestra región. Sus modos de vida están profundamente entrelazados con la tierra, los bosques, los ríos y los mares. No solo preservan tradiciones ancestrales, sino que también custodian saberes esenciales para enfrentar los grandes desafíos de nuestro tiempo: la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la necesidad urgente de transformar los sistemas agroalimentarios hacia modelos más sostenibles y resilientes.

Sin embargo, muchos pueblos indígenas viven en condiciones de pobreza, enfrentan mayores riesgos de malnutrición y desnutrición, y están especialmente expuestos a los efectos de crisis alimentarias y ambientales. Además, resisten día a día la presión de modelos de desarrollo que amenazan sus territorios, su cultura y su forma de entender el mundo.

Este 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la FAO rinde homenaje a estos pueblos como aliados clave para alcanzar la seguridad alimentaria y la sostenibilidad del planeta. Sus sistemas alimentarios, basados en la diversidad, el respeto y la reciprocidad con la naturaleza, han nutrido a generaciones enteras y siguen ofreciendo soluciones innovadoras frente a los desafíos globales.

A través de cuatro historias de vida, compartidas por comunidades indígenas de la región, conoceremos su trabajo, junto a la FAO, para impulsar la conexión con la tierra, preservar sus conocimientos ancestrales y generar nuevas formas de resiliencia.

Microfinanciamiento sostenible Shuar en la selva amazónica ecuatoriana

 Raquel Antún y Tarcila Ankuash son mujeres del pueblo indígena Shuar y habitan la región centro-sur de la Amazonía ecuatoriana. Ellas son parte de la Asociación Agropecuaria Tsapau, dedicada a la conservación y restauración de la biodiversidad en la Amazonía. El trabajo de esta organización se centra el Aja Shuar (huerta) que es su forma ancestral de agricultura, la cual promueve la producción agro-biodiversa, la regeneración de los suelos, la conservación de los polinizadores y del ecosistema del jaguar amazónico.

En la asociación, la voz de Raquel y Tarcila es escuchada por todos sus miembros. Ellas coordinan una caja de ahorro e inversión y asumen la responsabilidad de que las ganancias se traduzcan en beneficios para  su comunidad, ubicada en el Centro Shuar San Luis de Inimkis en la provincia de Morona Santiago.

Por muchos años tuvieron dificultades para acceder a préstamos, ya que su forma de propiedad colectiva de la tierra no se ajustaba a los requisitos del sistema financiero tradicional. Hoy, la caja de ahorro e inversión tiene tres líneas de crédito: productivo, educativo y emergente.

«Vimos que era muy necesario contar con una caja de inversión en la comunidad. Nosotros tenemos gastos por ejemplo de producción o nuestros hijos están estudiando y esta caja nos permite continuar con nuestras actividades», explica Raquel Antún.

La FAO, a través del Mecanismo para Bosques y Fincas (FFF) financiado por Suecia, Alemania, Reino Unido, Finlandia, Estados Unidos y Países Bajos, entre otros, brindó un apoyo integral y participativo que incluyó la reforma de los estatutos para diversificar sus cadenas de valor y formalizar sus actividades económicas. Actualmente, está apoyando en la obtención del registro sanitario para acceder a nuevos mercados, y ampliando sus conocimientos en abejas nativas y su manejo tecnificado para la producción de miel. Otro tema en que la FAO les ha brindado asistencia técnica es en la interseccionalidad entre el género, el cambio climático y la seguridad alimentaria.

Junto con dinamizar la economía local, como con un bioemprendimiento de meliponicultura liderado por jóvenes de Tsapau, este mecanismo de microfinanciamiento impulsa la conservación del patrimonio natural y revaloriza el patrimonio cultural.

Producción de «Asaí de altura» en territorio indígena Tacana de Bolivia

Por primera vez, comunidades indígenas del departamento de La Paz, Bolivia, comercializan su producción de asaí, fruto estrella de la Amazonía boliviana, un logro colectivo que reactiva infraestructuras dormidas, genera alianzas y empodera a mujeres.

El primer lote comercial de asaí, considerado un superalimento por sus altas propiedades nutricionales, producido en los municipios de San Buenaventura e Ixiamas y entregado a la Empresa Boliviana de Alimentos (EBA), supera los 8 060 kilogramos de pulpa. Esto se logró gracias al trabajo conjunto de las comunidades de Carmen Pecha, Santa Rosa de Maravilla y Tumupasa, pertenecientes al territorio indígena Tacana.

«Nos hacía falta un trabajo así, porque somos las mujeres quienes tenemos la responsabilidad de nuestros hijos. Esto nos ayudará a mejorar nuestros ingresos sin dejar la comunidad», dice Siria Macuapa, lideresa de la comunidad Carmen Pecha.

La falta de asistencia técnica, capacitación y conexión con mercados había dejado en el olvido a plantas de procesamiento construidas años atrás. Eso cambió recientemente con la alianza técnica promovida por la FAO, a través del Proyecto Bosques Sostenibles, con financiamiento de la Plataforma Ambiental de la Unión Europea y Suecia. El esfuerzo articulado incluyó al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en inglés), EBA y a la empresa privada Biofood, entre otros actores.

A través de este apoyo, las comunidades garantizaron una cosecha segura y eficiente, y se reactivó la operación de las plantas de procesamiento. «Es la primera vez que participo en una cosecha de asaí. He aprendido dos métodos de escalada. Al inicio se me complicó, pero la práctica nos ayudará a mejorar y aprovechar mejor nuestro asaí», dijo Víctor Hugo Dumay, de la comunidad de Santa Fe.

En esta misma comunidad, un grupo de mujeres lideró el proceso de recepción, control de calidad, despulpado y envasado hasta el despacho final del asaí.

Para el Pueblo Indígena Tacana, este proyecto no es sólo económico: es gestión territorial, cultural, género y generacional. Como lo resume Jorge Canamari, líder indígena: «Hace 33 años nos comprometimos a proteger este territorio. Hoy, este primer lote de asaí representa ese compromiso: es vida para nuestra gente y respeto a nuestra cultura».

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