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lunes, marzo 16, 2026

Agua, salmones y trabajo rural: las preguntas pendientes para el nuevo ministro de Agricultura

Mientras el nuevo ministro expone sus prioridades para el agro chileno, temas estructurales como el acceso al agua, el impacto territorial de la salmonicultura y las condiciones del trabajo rural siguen esperando definiciones claras.


Santiago, 10 de marzo de 2026. (DiarioMapuche.cl)– Jaime Campos Quiroga, el recién designado ministro de Agricultura del presidente electo José Antonio Kast dio una entrevista a El Mercurio donde instala las prioridades del gobierno para el sector: fortalecer el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), impulsar la cooperación con el mundo productivo y ampliar la infraestructura de riego. Sin embargo, en un país donde el modelo exportador de la industria alimentaria convive con conflictos por el agua, tensiones territoriales y precariedad laboral en el mundo rural, algunas preguntas centrales quedaron fuera de la conversación.

La agricultura chilena ha logrado consolidarse como uno de los pilares del comercio exterior. Frutas, vinos, carnes y otros productos llegan a mercados de todo el mundo. En ese contexto, el fortalecimiento del SAG aparece como una señal coherente con la necesidad de mantener la credibilidad internacional del país. Pero el debate sobre el futuro del agro no se limita a la eficiencia institucional ni a la competitividad exportadora.

El agua como eje territorial del agro

El ministro ha señalado que el riego será una prioridad estratégica para el sector agrícola. La expansión de infraestructura hídrica y el uso más eficiente del agua aparecen como condiciones necesarias para sostener la producción de alimentos en un escenario marcado por la sequía y el cambio climático.

Sin embargo, el agua no es solo un recurso productivo. En muchas zonas del país se ha convertido en un factor de conflicto territorial. Comunidades rurales, pequeños agricultores y pueblos indígenas enfrentan dificultades crecientes para acceder a este recurso, mientras grandes proyectos agrícolas continúan expandiendo su superficie de cultivo y uso intensivo de agua.

En ese contexto, la discusión sobre el riego inevitablemente se conecta con una pregunta mayor: cómo se distribuye el agua en un país donde la crisis hídrica ya forma parte de la vida cotidiana de amplias zonas rurales.

Salmonicultura, pesca industrial y cadenas alimentarias

Aunque la entrevista del ministro se centra en el mundo agrícola, el modelo alimentario exportador chileno incluye también a la salmonicultura, una de las principales industrias del país.

La expansión de esta actividad en el sur de Chile ha abierto debates cada vez más intensos sobre el uso del borde costero, la relación con las comunidades locales y los impactos ambientales en ecosistemas frágiles. La discusión sobre Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO), pesca artesanal y gobernanza del mar se ha vuelto parte del escenario político del sur.

Pero el debate no se limita a los salmones. La producción pecuaria industrial —especialmente de pollos y cerdos— depende en gran medida de insumos provenientes del mar, como la harina y el aceite de pescado utilizados en la alimentación animal.

Según estimaciones de organismos internacionales de pesca y acuicultura, una parte importante de la harina de pescado producida en el mundo se destina a la alimentación animal en la salmonicultura y crianza industrial de aves y cerdos, conectando directamente a la pesca industrial con la producción de carne y proteína animal.

Esto significa que el sistema alimentario global que integra agricultura, salmonicultura, avicultura y ganadería industrial descansa sobre una misma cadena productiva que comienza en el mar y termina en mercados internacionales.

En ese marco, el desarrollo del sector alimentario exportador ya no puede pensarse únicamente desde la productividad agrícola. También implica comprender las interdependencias entre agricultura, ganadería industrial, pesca y acuicultura dentro de una misma matriz exportadora basada en el uso intensivo de territorios y ecosistemas.

Trabajo rural y modernización productiva

El ministro ha planteado la necesidad de modernizar el sector agrícola y adaptarlo a nuevos desafíos tecnológicos y climáticos. Esa transformación productiva abre inevitablemente un debate sobre el trabajo rural.

La agricultura chilena depende en gran medida de empleo temporal, especialmente durante las temporadas de cosecha. La discusión sobre flexibilidad laboral, condiciones de empleo y seguridad social en el mundo rural ha sido recurrente en los últimos años.

Modernizar el sector agrícola no solo implica incorporar tecnología o mejorar la eficiencia productiva. También exige mirar las condiciones de quienes trabajan en el campo y sostienen una parte fundamental de la cadena alimentaria del país. Y aquí ingresa la discusión del trabajo de las mujeres temporeras, de los trabajadores migrantes y de los repetidos llamados de las patronales agrícolas respecto a la falta de mano de obra y de flexibilizar la manera de contratar a personas para los tiempos de cosecha.

Respecto a esto, en septiembre de 2025 el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, hablando sobre la escasez de mano de obra afirmó que faltan 1,5 millones de personas entre empleos directos e indirectos para sostener exportaciones de US$13.500 millones.

Las preguntas que siguen abiertas

Chile ha construido una economía agrícola altamente integrada al comercio internacional. Ese proceso ha generado crecimiento, inversión y nuevas oportunidades productivas. Pero también ha dejado preguntas abiertas sobre el uso del agua, la relación entre industria y territorio y las condiciones del trabajo rural.

El desafío para la nueva conducción del Ministerio de Agricultura no debe limitarse a fortalecer la institucionalidad o ampliar la capacidad exportadora del sector. También consiste en enfrentar los dilemas territoriales que acompañan al desarrollo del modelo agroalimentario chileno.

El futuro del agro no se definirá únicamente en los indicadores de exportación ni en la apertura de nuevos mercados. También se definirá en los territorios donde el agua escasea, en las costas donde se disputan los espacios del mar y en los campos donde miles de trabajadores sostienen cada temporada la producción de alimentos.

Esas realidades —muchas veces invisibles en las grandes cifras del comercio exterior— son también las que finalmente marcarán el rumbo del sistema alimentario chileno en los próximos años.*****FIN*****

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