Durante 2025, el movimiento mapuche se expresó de manera diversa y activa, articulando una defensa común del territorio frente al intento de instalar un nuevo sistema de comercialización de las tierras. En ese escenario, comunidades y organizaciones mantuvieron diferencias estructurales con el Estado, el empresariado y la clase política, mientras avanzaron debates estratégicos sobre el presente y el futuro del Pueblo Mapuche.
Santiago/Temuco, 02 de enero de 2026. (Diariomapuche.cl)– Lejos de una agenda homogénea o de un solo conflicto dominante, el año 2025 dejó al descubierto un enjambre de actividades territoriales mapuche que atraviesan dimensiones jurídicas, ambientales, lingüísticas, políticas y culturales, entre otras. Lo que se ve, es un campo de acción múltiple, donde comunidades, organizaciones, mujeres, jóvenes, protesta callejera, sectores académicos y redes digitales actúan simultáneamente frente a un modelo económico, político y social, que continúa tensionando el territorio.
Aun así, desde Diariomapuche.cl planteamos que el hecho que evidencia más a este activo movimiento mapuche, con todas sus diversidades y fragmentaciones, fue el rechazo unánime a la Consulta Indígena por un nuevo sistema de tierras. Esto logro aunar diferentes voluntades contra una decisión trabajada por años por sectores empresariales y la clase política, que usaron al gobierno y el aparato de funcionarios públicos para imponer una cuestionada consulta respecto a estos temas.
Junto a este movimiento contra la comercialización de las tierras, la imagen mapuche que se vislumbra no es la de la inmovilidad ni la del enfrentamiento permanente, sino la de un movimiento diverso, con conflictos abiertos, pero también con propuestas en curso, aprendizajes acumulados y una creciente capacidad de articulación para casos claves.
Balance 2025 del pueblo mapuche – DiarioMapuche.cl
1) Territorio bajo disputa y mercantilización de la tierra
El rechazo unánime a la consulta indígena por un nuevo sistema de tierras se consolidó como el hecho político más articulador del año. Más allá de sus cuestionados objetivos y su desprolijidad procedimental, el rechazo evidenció una fractura profunda entre los mecanismos estatales y las demandas territoriales reales del pueblo mapuche. Personas, comunidades y organizaciones lograron articular una respuesta común frente a los intentos de normalizar la comercialización de la tierra indígena.
Este conflicto se inscribe en un proceso más amplio de presión inmobiliaria y parcelación rural que está ocurriendo en diversos lugares del sur, cuestión que es un despojo silencioso que transforma el suelo en mercancía, rompe la continuidad territorial y afecta las formas de habitar y gobernar el Wallmapu, no solo para los mapuche, sino que para toda la población chilena que habita estas regiones.
2) Lafkenmapu, maritorios y gobernanza costera
En el ámbito lafkenche, los Espacios Costeros Marinos para Pueblos Originarios (ECMPO) se consolidaron como uno de los principales campos de disputa del año. La decisión de la Corte Suprema que reafirmó el estándar cultural y espiritual conforme al Convenio 169, marcó un hito jurídico, pero no cerró el conflicto.
Casos como Aysén, Wadalafken y Tirúa–Danquil muestran que el ECMPO no es solo una herramienta administrativa, sino una propuesta de gobernanza territorial colectiva con otros sectores locales, pero resistida por intereses industriales y por sectores del propio aparato estatal.
3) Agua, ríos y bienes comunes estratégicos
La defensa del río San Pedro sintetizó la expansión del modelo salmonero hacia ríos y cuencas continentales, revelando impactos sobre ecosistemas fluviales, patrimonio paleontológico y sistemas de agua potable rural. El conflicto mostró que el agua no es solo un recurso, sino un bien común estratégico, inseparable del territorio, la memoria y la vida cotidiana.
En este caso, emergió con claridad la alianza entre comunidades mapuche, organizaciones socioambientales y emprendimientos económicos comunitarios, evidenciando que las alianzas amplias no solo son urgentes, sino efectivas.
4) Violencia contra defensoras territoriales y funcionamiento sistema judicial
La desaparición de Julia Chuñil continuó marcando 2025 como una herida abierta. Este caso se transformó en un símbolo de la violencia estructural que enfrentan defensoras mapuche en contextos de conflicto ambiental y territorial.
Esta desaparición forzada además interpeló directamente al sistema de justicia por la necesidad de avanzar hacia mayores estándares de transparencia, incorporar la experiencia y la historia reciente de casos similares —marcados por cuestionamientos públicos y temores ciudadanos— y asegurar un estricto apego a las normas nacionales e internacionales de derechos humanos.
En otro ámbito, la situación de los prisioneros mapuche por causas políticas continúa generando atención. El sistema penitenciario muestra rezagos en estándares de derechos humanos, marcados por hacinamiento, falta de infraestructura, deficiencias de formación y prácticas de discriminación. Mientras familias, abogados y organizaciones sostienen estrategias de defensa y visibilización pública de los casos.
La militarización de La Araucanía continúa. Este despliegue de Fuerzas Armadas bajo Estados de Excepción Constitucional ha sido cuestionado por las tensiones que genera con los derechos indígenas y por operar, en la práctica, como un dispositivo de control territorial y resguardo de intereses económicos, especialmente forestales, que son parte de un conflicto histórico.
5) Lengua, cultura y comunicación en movimiento
2025 también fue un año de revitalización y construcción en el área de Educación, Cultura y Comunicación. El fortalecimiento del mapudungun destacó como uno de los procesos más esperanzadores: escuelas comunitarias, internados o nidos lingüísticos, cursos impulsados por instituciones diversas y una presencia cada vez mayor en redes sociales y plataformas digitales.
El mapudungun está presente y afirmándose como lengua en uso, especialmente entre jóvenes, creadores de contenido y educadores que combinan tradición, tecnología y pedagogías propias. El sistema de educación pública se ha tenido que sumar a estas iniciativas en el marco del decenio de las lenguas indígenas impulsado por la Unesco.
Además, en el espacio digital, se está consolidando una generación de comunicadores e influencers mapuche, que dialogan, disputan y proponen sentidos, desmontan estereotipos y amplían el campo de la conversación pública más allá de los medios tradicionales del sistema educacional, la academia y la prensa tradicional
6) Demografía, censo y subrepresentación política
Los datos del Censo 2024, que identifican a 1,62 millones de personas mapuche (8,8% de la población de Chile), configuran un hecho estructural: una magnitud demográfica que cuestiona la representación política, planificación territorial, políticas públicas, inversión, sistema de educación y funcionamiento de derechos colectivos. No se trata solo de una cifra, sino de un Pueblo y una realidad compleja, con presencia urbana y rural, experiencia política acumulada, inserción institucional y proyección internacional.
La experiencia comparada indica que pueblos y países de escala similar consolidan influencia cuando articulan memoria histórica, análisis político, narrativa estratégica, alianzas y presencia multilateral sostenida. En esa lógica, la agenda mapuche ya opera en espacios internacionales —como Naciones Unidas— y en el plano nacional a través de gestión de ecosistemas, economías territoriales y propuestas de gobernanza frente a urgencias sociales y ambientales. La singularidad del caso radica en que esta proyección se construye sin soberanía ni autonomía plenamente resueltas en ámbitos críticos como territorio, educación, comunicaciones y economía.
7) Economía territorial y formas de vida
El pueblo mapuche sostiene históricamente una economía basada en la autonomía territorial, expresada en una diversidad de economías familiares, emprendimientos locales, PYMES, cooperativas y asociaciones comunitarias vinculadas a la agricultura, la recolección, la pesca, el comercio local, el turismo comunitario y la producción cultural. Este tejido productivo refleja una relación directa con el territorio y formas de convivencia con la naturaleza.
Durante 2025, estas iniciativas mostraron dinamismo, pero también una fragmentación persistente: aún no existe una articulación amplia y estable que coordine los distintos sectores productivos. Iniciativas como la Federación de Hortaliceros Mapuche y Campesinos de La Araucanía, que agrupa organizaciones de siete comunas, junto a cooperativas y redes productivas en agricultura y artesanía, evidencian esfuerzos incipientes de coordinación. El desafío es avanzar a una fuerza organizada capaz de sostener autonomía material, gobernanza económica y proyección política de influencia y participación en las decisiones nacionales.
8) Mirada internacional y derechos humanos
Durante 2025, organismos y relatores internacionales de derechos humanos reiteraron críticas al Estado chileno por incumplimientos persistentes en materia de derechos indígenas, especialmente en restitución de tierras y acceso al agua. En instancias de Naciones Unidas, se advirtió que estas deudas estructurales siguen sin resolverse, situando la cuestión mapuche en el plano de los derechos humanos y no solo de la seguridad interna.
Estas observaciones se expresaron en visitas a territorios mapuche, llamados a implementar plenamente el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, así como en denuncias formales ante comités internacionales. En conjunto, reforzaron la mirada internacional de que el conflicto mapuche es un problema político y territorial no resuelto, con implicancias ambientales y sociales.
9) Salud, medicina mapuche y espiritualidad
La salud y la medicina ancestral y presente constituyen uno de los ámbitos más profundos y menos visibles de lo que es el mundo mapuche, en tanto expresan una concepción integral de la vida basada en el equilibrio entre persona, territorio, comunidad y dimensión espiritual. En este marco, el lawen, junto al rol de machi, lawentuchefe y otros agentes de salud tradicional, conforma un sistema de conocimiento vivo que se vio afectado en 2025 por la degradación territorial, la alteración de ecosistemas, las restricciones a espacios ceremoniales y la persistente judicialización o cuestionamiento de autoridades espirituales.
Al mismo tiempo, el año mostró avances concretos y tensiones persistentes en materia de salud intercultural. Programas públicos como el Programa Especial de Salud y Pueblos Indígenas (PESPI) continuaron implementándose en regiones del sur y en áreas urbanas como Santiago, incorporando facilitadores interculturales, talleres comunitarios y espacios de articulación con la red pública de salud. Universidades y centros de formación impulsaron cursos y jornadas con pertinencia mapuche, mientras que en el plano científico se profundizaron investigaciones sobre plantas medicinales como el maqui, estudiado por su potencial en enfermedades
neurodegenerativas. En paralelo, la Organización Mundial de la Salud inauguró la Biblioteca Mundial de Medicina Tradicional, reforzando el reconocimiento internacional de estos sistemas. El balance del año revela así una tensión clave: mientras la medicina mapuche gana validación global y presencia territorial, sigue pendiente su reconocimiento estructural como sistema integral de salud, inseparable del territorio y la espiritualidad, en un contexto de crisis ambiental, sanitaria y una especie de masivas enfermedades espirituales y de salud mental.
10) Capacidad de futuro y gobernanza
El año 2025 dejó señales relevantes —aunque todavía fragmentadas— sobre la capacidad del pueblo mapuche para proyectarse políticamente hacia el futuro. La participación mapuche en las elecciones senatoriales mostró límites evidentes, pero también dejó enseñanzas estratégicas: la dispersión de candidaturas y enfoques debilitó resultados, al tiempo que reforzó una pregunta: ¿es posible y necesario mantener diferencias internas, pero sin renunciar a formas de unidad mínima que permitan disputar derechos políticos y sociales dentro de la República de Chile, desde una posición propia y no subordinada?
Tambien durante 2025, las oficinas municipales de asuntos indígenas se consolidaron como actores relevantes en la gestión cotidiana del vínculo entre comunidades y Estado, especialmente a través del reparto de fondos concursables, en particular en cultura. Si bien estos recursos han permitido sostener iniciativas reales, también han reforzado lógicas de fragmentación y dependencia administrativa, desplazando el debate político estructural hacia la ejecución de proyectos. El desafío para el movimiento mapuche es cómo usar estos espacios sin quedar atrapado en una lógica de gestión que no permite una estrategia política de largo plazo.
En paralelo, nuevas expresiones organizativas estudiantiles evidenciaron un cambio cualitativo. Colectivos como UCTMEW (Temuco) y Chilcatujo (Osorno) dejaron de operar exclusivamente como organizaciones universitarias tradicionales: salieron de los campus hacia los territorios, articularon vínculos con comunidades, participaron en debates políticos más amplios y comenzaron a actuar como puentes generacionales entre mundo académico, territorial y político. Este desplazamiento marca una ruptura con la lógica estudiantil clásica y abre un campo nuevo de acción y pensamiento.
Sin embargo, el balance 2025 también deja una pregunta estratégica no resuelta: ¿existe hoy una plataforma de reflexión política mapuche, con horizonte de al menos 10 años, capaz de pensar gobernanza, economía, territorio, cultura y relaciones con el Estado en un mundo en transformación acelerada? Más allá de espacios coyunturales, no se observa aún un espacio estable que reúna a personas, comunidades y organizaciones dispuestas a escuchar, debatir y proponer desde una lógica crítica y propositiva, dejando en segundo plano egos personales, la incrustación de estrategias empresariales para bloquear conflictos, y la reproducción de culturas políticas heredadas del sistema de partidos chilenos.
El enjambre de rechazo a la consulta indígena por un nuevo sistema de tierras mostró, no obstante, una señal potente de posibilidad. En ese proceso convergieron organizaciones históricas —como la Junta de Caciques de la Fütawillimapu y otras estructuras ancestrales con presencia vigente—, colectivos territoriales, juventudes y redes digitales. El desafío que deja 2025 es si ese encuentro coyuntural puede transformarse en diálogo político sostenido, en condiciones de igualdad y respeto, capaz de articular saberes antiguos y miradas nuevas en un tiempo marcado por urgencias ambientales, crisis del modelo de desarrollo y cambios globales profundos.
Para DiarioMapuche.cl, la capacidad de futuro del pueblo mapuche no dependerá solo de la denuncia del daño, sino de su habilidad para construir gobernanza propia, articular generaciones y sostener espacios de pensamiento estratégico que permitan disputar el presente sin perder la memoria, y pensar el largo plazo sin renunciar a la acción inmediata. Ese es, quizás, el desafío más complejo —y más decisivo— que dejó abierto el año 2025.*****FIN*****

